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A treinta años de una de las mayores hazañas de Maradona con el Napoli

El 17 de mayo de 1989, el conjunto napolitano empataba 3-3 con el Stuttgart y se consagraba campeón de la Copa UEFA de la mano de Diego, en el que fue su único título internacional a nivel clubes.

Maradona comanda los festejos del Napoli.

Se trata sin dudas de una de las mayores hazañas de Diego Maradona en el Napoli: hace exactamente 30 años, con el modesto club del sur de Italia, el astro argentino conquistaba Europa al ganar la Copa UEFA, la segunda competición en importancia del continente, después de un electrizante empate 3-3 como visitante en Alemania ante el Stuttgart.

Fue el único título a nivel continental que pudo ganar Maradona en un club en su riquísima trayectoria. Es más, en América ni siquiera llegó a jugar la Copa Libertadores, ya que en 1982 se había marchado de Boca a Barcelona cuando el equipo debía disputar el certamen por haber ganado el título del Metropolitano de 1981.

A diferencia de la cantidad de participantes que ahora tiene la Champions League, en aquel momento el certamen sólo reunía a los campeones de cada país, por lo que la Copa UEFA, lo que hoy sería la Europa League, era mucho más competitiva, con equipos muy poderosos de cada una de las Ligas. Sin ir más lejos, antes de llegar a la definición, el Napoli dejó en el camino a la Juventus en los cuartos de final y al Bayern Múnich en las semifinales. El único asterisco que se podría achacar es la ausencia de conjuntos ingleses, que todavía seguían sin poder competir a nivel internacional por la tragedia de Heysel cuatro años antes.

Maradona abraza a Ciro Ferrara, autor del segundo gol de la final.

El rival de aquel 17 de mayo de 1989 no era para nada sencillo. Dirigido por el holandés Arie Haan, el Stuttgart tenía dos hombres clave en la selección alemana que el año siguiente ganaría el Mundial de Italia: Guido Buchwald y Jürgen Klinsmann. Además, otros jugadores destacados eran el delantero Maurizio Gaudino y el mediocampista yugoslavo Srečko Katanec.

La ida en el San Paolo resultó durísima, sobre todo porque los visitantes se adelantaron a los 17 minutos por intermedio de Gaudino, tras una falla del portero Giuliano Giuliani. Pero apareció la “Mano de Dios” para emparejar el tema: en el costado izquierdo del área, Maradona acomodó un balón con su brazo y de inmediato conectó un centro que pegó en la mano de un defensor para decretar el penal que Diego convirtió con su habitual clase. A tres minutos del final, la fórmula infalible de aquel equipo, asistencia de Maradona, gol de Careca, selló la victoria.

La ventaja para la revancha no era suficiente, pero el equipo conducido por Ottavio Bianchi había dejado en claro a lo largo de toda la Copa que sabía jugar de visitante y se mantenía invicto bajo esa condición. Y con otra actuación sensacional de Maradona, sorprendió a los alemanes con una ventaja de 3-1 cuando promediaba el segundo tiempo. El aporte del argentino fueron dos asistencias geniales, la primera de cabeza casi desde el lateral para Ciro Ferrara, y la segunda para Careca, con una pausa para desairar a un defensor y esperar la llegada del brasileño. Dos errores groseros del mediocampista Fernando De Napoli, primero con un gol en contra y después con un insólito centro para que Olaf Schmäler anotara de cabeza, posibilitaron que el Stuttgart empatara el partido, pero no pusieron el riesgo uno de los logros más sensacionales en la historia del Napoli y de Maradona.

“Esto lo habíamos soñado. Estamos muy felices”, alcanzó a decir Maradona en medio de los festejos y mientras abrazaba a Ciro Ferrara, uno de los pocos napolitanos del plantel, que había anotado uno de los goles de la final y que lloraba desconsoladamente en el centro del campo. “Es napolitano y se lo merece. Hizo un gol y jugó un gran partido”, completó casi con un gesto paternal. Es que ese Maradona era el padre de esa criatura llamada Napoli.

Para llegar a la definición en el Neckarstadion de Stuttgart, el equipo de Bianchi debió recorrer un largo camino, que se inició con un complicado cruce ante el Paok Salónica. El 1-0 en la ida en el San Paolo con un penal anotado por Maradona parecía poca renta para ir al temible estadio griego. Sin embargo, una asistencia mágica de Diego para el brasileño Careca abrió el camino en Salónica, para un 1-1 final que le dio el pasaje al equipo napolitano.

La siguiente ronda fue más sencilla, ante el Lokomotiv Leipzig, equipo de la antigua Alemania Democrática. El empate 1-1 como visitante encaminó la eliminatoria, que se cerró con un cómodo 2-0 en el San Paolo, después de un rápido tanto de Giovanni Francini tras una asistencia del Diez. En octavos de final, el rival fue el Girondins Bordeaux, un poderoso conjunto dirigido por Aimé Jacquet, años después campeón del mundo con Francia, y con figuras como los internacionales galos Jean Tigana, Yannick Stopyra y Jean Marc Ferrari y el belga Enzo Scifo. La victoria 1-0 en Burdeos con tanto de Andrea Carnevale sirvió para avanzar a los cuartos de final, ya que la revancha como local fue un cerrado 0-0.

El siguiente escollo era nada menos que la Juve, dirigida por el mítico Dino Zoff y con estrellas como Alessandro Altobelli, Julio De Agostini y el danés Michael Laudrup. El 0-2 en Turín parecía ser el sello de la eliminación de los napolitanos, curiosamente vestidos de rojo, pero el San Paolo se convirtió en un volcán para la revancha. Maradona, de penal, abrió el marcador y, antes del final del primer tiempo, Carnevale igualó la serie, aunque el astro argentino sufrió un desgarro que le impedía correr. Igual, no salió hasta los seis minutos del tiempo extra. Cuando la definición se iba a los penales, apareció el defensor Alessandro Renica para anotar el 3-0, decretar el carnaval napolitano y asegurar la clasificación para las semifinales.

Otro coloso europeo como el Bayern Múnich asomaba en el horizonte, pero el Napoli de Maradona lo sorteó con gran estilo. Infiltrado por el desgarro que había sufrido 20 días antes frente a la Juve, el capitán apareció por sorpresa en el conjunto titular y lideró a los suyos con sendas asistencias para Careca y Carnevale para un tranquilizador 2-0 para la revancha. Lo más preocupante era el estado del astro, que no podía entrenarse con normalidad por la lesión. Sin embargo, el estadio Olímpico asistió a otra exhibición del Diez, que dio dos pases-gol a Careca para el 2-2 definitivo.

Superado el gigante alemán, otro equipo germano era el último obstáculo para la coronación, pero poco pudo hacer para evitar que aquel Napoli comandado por Maradona se metiera en la historia grande de un club y una ciudad que nunca más pudo tener un festejo semejante.

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