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Incendios en el Sur: tiempos de solidaridad y trabajo mancomunado

Se puede hablar sólo de números y más números, pero detrás de ellos hay personas que entregan mucho más que sus conocimientos y pericias para que las pérdidas no se sigan sumando.

Casi 15 días de incendios forestales en General Alvear y San Rafael, 100 brigadistas combatiendo las llamas durante 24 horas en distintos focos: a veces 4, a veces 5, a veces 6; lo que equivale hasta el momento unas 150.000 hectáreas. Otras 100 personas asistiendo y facilitando la tarea de los expertos. Faltan números. Todavía no se sabe a ciencia cierta cuánta es la pérdida de ganado (se especula que poca), los kilómetros de alambre, la fauna que no logró escapar, cuyos cadáveres se van descubriendo en la guardia de cenizas.

Se puede hablar sólo de números y más números, pero detrás de ellos hay personas que entregan mucho más que sus conocimientos y pericias para que las pérdidas no se sigan sumando.

Algunos brigadistas se conocen de muchos años, otros son “más nuevitos”. Todos reciben órdenes, corren de un lado a otro, se agotan, por momentos celebran con las fuerzas que les quedan, por momentos la frustración los obliga a sacar energía de donde no tienen. Sin tiempo para el descanso o con pocas horas, mal dormidos.

El clima es un párrafo a parte, porque al calor del sol se le agrega el del fuego, con un viento, desde luego caliente, que traslada el humo y levanta tierra.

Los que están detrás de escena tratan de hacerles la vida y la tarea un poco más fácil a los brigadistas. Consiguen lo que se necesita. Así fue como a través de un grupo de WhatsApp, ministros, ingenieros y técnicos se las ingeniaron para que en la madrugada del domingo (entre las 12 y las 2 de la mañana) se consiguiera las máquinas pesadas que se necesitaban (topadoras, motoniveladoras, carretones, etc.), porque con las de Vialidad no daban abasto. Las empresas privadas respondieron a la convocatoria (Green, Genco y Cartellone) y a media mañana ya se estaban desplazando máquinas de distintos puntos de la provincia. Incluso una venía de San Juan.

Pero así como los funcionarios resuelven y colaboran porque es su deber, todos los días hasta la Base de Monte Comán llega una señora en bicicleta que aporta tres botellas con hielo para agregar a uno de los congeladores donde se acopia agua para los brigadistas. Esta mujer, anciana, tempranito aporta su ayuda trasladándose en el medio que tiene por calles de tierra.

Hay muchos. Como las siete mujeres que limpian y cocinan en la Base Monte Comán. Son las esposas de algunos brigadistas de la zona.

“Es una manera de apoyar a nuestros hombres, de colaborar con ellos”, dice una desde el anonimato.

Estas “damas pro -glorias” se han organizado en dos grupos y cada uno se encarga de las tareas día por medio. Hacen la comida para unas 20 personas, consiguen frutas, donan golosinas, limpian los pisos (de los baños se ocupan los brigadistas) y mantienen la cocina impecable. Están y desde donde pueden cuidan a sus maridos, mientras otros familiares cuidan a sus hijos.

Algunas tareas

El trabajo es arduo, intenso y estresante. Minuto a minuto la radio registra las novedades de las cuadrillas y desde el CEO y la Base Monte Comán van asistiendo y enviando máquinas pesadas, de acuerdo con los movimientos del fuego. La intención es adelantarse y evitar que avance, pero no siempre se consigue.

A veces pareciera que el fuego tiene voluntad, que es inteligente. Salta los contrafuegos, el río, los canales, las rutas y las barreras que se supone son infranqueables. Lo que genera desazón pero al mismo tiempo es la adrenalina que los brigadistas necesitan para elaborar nuevas estrategias.

En el “ataque directo”, se pone “toda la carne al asador”: intervienen desde el aire con aviones hidrantes,y una vez que descarga el agua, desde tierra actúan las topadoras, tractores, retroexcavadoras, cargadoras, motoniveladoras deben actuar rápido para eliminar el material de combustión. Es un momento crítico, el juego del poder hace su danza, es la vida del hombre o la vida del fuego.

“Ataque indirecto” o también llamado contrafuego. En este caso se usa al fuego para que se extinga a sí mismo, como si un fuego bueno combatiera al malo. El bueno lo inicia el hombre. Se prepara a unos kilómetros la espera, teniendo en cuenta el viento y el material combustible de la zona, se genera una amplia picada y cuando está cerca, se ataca.

“Franja negra”: es cuando se hacen dos picadas (pasillos limpios) de acuerdo a la vegetación y a la procedencia del viento pueden ser de 10, 30 metros o más. Es una de las estrategias más efectivas.

El párroco de Monte Comán, que ha facilitado un salón como dormitorio de brigadistas, espera un “milagro” como el de 2001. En ese año, los incendios no daban tregua y luego de una ceremonia en la que asistieron algunos de los equipos, las gotas aparecieron y la tormenta terminó la pesadilla. Para el viernes están pronosticadas lluvias intensas en la zona. Será cuestión de seguir resistiendo hasta que el agua se presente.

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