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Mensajes ocultos, roces con la oposición y un ojo en Olivos: la agenda secreta de Cristina en el Senado

Esta semana, Cristina Kirchner dejó claro quién manda en el Senado. La oposición no quería seguir en el régimen de sesiones virtuales y quería ir a un esquema parecido al de Diputados. La vicepresidenta hizo votar y ganó 41 a 28. La oposición se fue del recinto y el oficialismo votó en soledad. La tensión va a seguir.

El Senado se convirtió en el gran palacio de Cristina. El lugar donde se muestra públicamente, donde arrancan las leyes más polémicas del Gobierno y, secretamente, desde donde se le mandan algunos mensajes a Olivos.

Los días de sesión, la vicepresidenta entra al recinto del Senado recién cuando hay 69 senadores conectados; son 72 en total. Hace su ingreso “triunfal” –ironizan sus críticos- por el salón Eva Perón del Senado, siempre sin barbijo.

Quienes siguen las sesiones presencialmente, observan que nunca se la vio con tapabocas, aunque hace que todos los que están a su alrededor lo usen. Le tiene mucho miedo al «bicho».

Se limita a abrir las sesiones, aplaude cuando izan la bandera, se queda un rato y se va. A veces vuelve para la votación final. Solamente en la última sesión se quedó durante todo el debate del protocolo virtual. Sabía que la oposición podía llegar a intentar una maniobra de último minuto.

Pareciera aburrirse de los debates. Especialmente en los cierres de José Mayans, jefe de bloque del Frente de Todos. En una de las últimas sesiones se paró mientras él hablaba y empezó a caminar.

Cristina aburrida en la sesión (Captura Senado TV)
Cristina aburrida en la sesión (Captura Senado TV)

Mayans, que es senador desde hace 20 años, nunca había visto algo así. Aprovechó para endulzarle los oídos. “Entiendo que usted se pare y la comprendo porque está ahí trabajando todo el día. Hace bien a la circulación de la sangre”, dijo.

El formoseño habla casi todos los días con Cristina, o al menos eso hace saber. A Parrilli le hace decir las cosas que ella no puede decir. “A los dos los desprecia”, cuenta una persona del bloque del Frente de Todos.

El resto del tiempo deja que operen sus «soldadas», tres mujeres estratégicas en la Cámara. En ellas sí confía en serio.

  • Anabel Fernández Sagasti (senadora por Mendoza).
  • María de los Ángeles Sacnum (senadora por Santa Fe).
  • María Luz Alonso (secretaria administrativa).

“Tiene un muy buen manejo del reglamento. Y sigue siendo la misma que cuando era senadora de un bloque minoritario. Como jefa, insoportable, y todos están pendientes de su mirada”, cuenta alguien que fue testigo directo de casi toda la carrera de Cristina en el Senado. «Genera terror», describe.

Algunos senadores no alineados hacen un juego: cuentan a ver cuál de esas senadoras (y algunos otros) nombra más a Néstor y Cristina. “Mi querida presidenta”, “Usted y Néstor” son frases que se popularizaron en la Cámara alta. Clima de época.

En estas tres mujeres descansa para las sesiones, donde se da el único espectáculo público que ofrece la vice. Pero por fuera de esa superficie, en cada una de las sesiones aprovecha para tener una reunión. Algunas las hace públicas. En la Rosada creen que es un mensaje para el Gobierno: a través de fotos, manda señales de los temas que le preocupan. Otras postales quedan en reserva, aunque los protagonistas se encargan de que se conozcan.

Así se puede dilucidar cuáles son las tres preocupaciones centrales de Cristina en lo que hace al rumbo del país: cómo conseguir dólares para la economía; cómo se inserta Argentina en este difícil contexto internacional y la cuestión social.

Hablar con Cristina

Buena parte de los representantes del mundo de los negocios saben que para hacer una gestión con el Estado, no hay que hablar con Alberto sino con Cristina. Es un secreto a voces que nadie se anima a decir públicamente. Al menos, nadie que quiera seguir haciendo negocios en la Argentina.

Cristina Kirchner, durante su reunión con el Consejo Agroindustrial (Foto: archivo)
Cristina Kirchner, durante su reunión con el Consejo Agroindustrial (Foto: archivo)

El Consejo Agroindustrial Argentino intentó contactarla varias veces sin éxito. Hasta que finalmente intermedió la santafesina María de los Ángeles Sacnum. Cristina accedió, pero pidió que el encuentro sea presencial. No es amante de las reuniones por Zoom. Se reunieron a fin de julio.

Los encuentros se hacen en la amplia sala de reuniones de la Presidencia del Senado. Cristina aclara al inicio de la reunión que dada la distancia que existe se puede estar sin barbijo. Aunque en las fotos parece menos, los participantes de distintos encuentros dicen que hay “como 3 metros” de separación.

El prejuicio de los dirigentes del Consejo Agroindustrial era evidente por la historia que llevan el kirchnerismo y el campo. Unos días antes del encuentro le hicieron llegar un proyecto para fortalecer la agroindustria y consolidar a la Argentina como máximo exportador de alimentos.

Esperaban un desplante. Pero no ocurrió. “Ya leí todo. Me encantó. Hay que ver como materializarlo”, les dijo a los representantes del agro.

Respiraron. Cristina empezó a hablar y a compartir sus ideas. “Se mostró como una persona muy convencida de que el agro y la agroindustria tienen un rol muy importante”, confesó –sorprendido- uno de los presentes.

En plan seducción, les dijo que prefiere al agro más que “alguna industria pesada”. No lo nombró, pero sonó a Techint.

Consideró que la Argentina tiene que ser más agresiva en las exportaciones y que el mundo va a reclamar más alimentos. Los representantes del agro se llevaron un alivio adicional: no habló de soberanía alimentaria o agricultura urbana, una prédica que impulsan algunos sectores del Frente de Todos.

“¡Cuenten conmigo! ¡avancemos!”, dijo Cristina y dio por terminada la reunión. A la semana siguiente tuvieron un encuentro en Olivos. “Cristina ya me llamó, me dijo que le entusiasmó mucho el proyecto y que avancemos”, exclamó Alberto. También se lo vio entusiasmado.

Un ojo en el mundo

Cristina está muy preocupada por la cuestión internacional. La geopolítica. En cada una de las reuniones que tiene menciona el tema: la hidrovía, el corredor bioceánico, la cuestión Bolivia… El Parlasur también le preocupa.

Recibió un día a sus representantes. Le pidieron sólo 15 minutos. Pero la charla se estiró bastante más. Cristina los paseó por todo el mapa de América Latina. Sus interlocutores se sorprendieron porque conocía muchos detalles de la realidad política de cada nación y sabía muchos detalles de distintos personajes (muchas veces menores) de la vida doméstica de los países.

La vicepresidenta, en un encuentro con Víctor Santa María, Oscar Laborde y Fernanda Gil Lozano, representantes del Parslasur (Foto: Senado de la Nación).
La vicepresidenta, en un encuentro con Víctor Santa María, Oscar Laborde y Fernanda Gil Lozano, representantes del Parslasur (Foto: Senado de la Nación).

El principal foco lo puso en Bolivia. Planteó la necesidad de trabajar con sectores del MAS (el partido de Evo Morales) y de ayudar a reconstruir el diálogo y la institucionalidad en ese país.

Antes de terminar la reunión preguntó quién era “la Unidad de Enlace” con jefatura de Gabinete. Es un funcionario que se encarga de que los parlamentarios del Mercosur tengan su caja, sus viáticos y puedan pagar otros gastos. Los visitantes le respondieron que el nombramiento estaba demorado. Cristina tomó nota. No le gustó. Otra demora a la hora de gestionar

La cuestión social

Es otras de sus preocupaciones. En este tiempo tuvo dos reuniones públicas en las que trabajó el tema. Una fue con Daniel Menéndez, Subsecretario de Políticas de Integración del ministerio de Desarrollo Social. Cristina no está conforme con la gestión de Daniel Arroyo, ministro del área. Aunque no se tocó ese tema en aquella reunión.

Menéndez le llevó un proyecto de “Renta Básica Universal”. Ella apoyó la idea, pero le contestó que se debe evitar la palabra “renta” y que cualquier plan social debería estar vinculado al trabajo, que tiene que ser –en su mirada- el ordenador de la pospandemia.

En otra reunión también trabajó el tema de la pobreza. Fue la preocupación social –y no el cholulismo- lo que la hizo recibir al boxeador Marcos “Chino” Maidana.

La foto –que se viralizó en redes sociales y luego el boxeador bajó- llegó después de un pedido de un grupo de boxeadores que le llevaron un proyecto para hacer trabajo solidario. “El boxeo es un deporte de la clase baja”, dicen cerca de Maidana. De paso, le pidió que haga algo por el boxeo, que está parado por la cuarentena.

Cristina, junto al boxeador Marcos Maidana (Foto: archivo).
Cristina, junto al boxeador Marcos Maidana (Foto: archivo).

Cuando se estaba por ir lo llevaron a pasear por el recinto. “Esto es una pelea… como que el Senado es un combate”, le dijo Maidana comparando la política con el boxeo. Ella se río y asintió con la cabeza. “Es la pelea”, dijo ella.

La gestión, lenta

Cristina se cuida en cada reunión de que quede claro que es la presidenta del Senado. Y que solo puede construir desde ahí. Pero la preocupación por lo que pasa en Olivos está siempre. “En algunos tramos del encuentro daba a entender que al Gobierno le falta ritmo. Aunque eran comentarios no explícitos”, dice uno de los que mantuvo charlas con ella.

En uno de los encuentros surgió el nombre de Jorge Capitanich, gobernador de Chaco. “Fue un gran jefe de gabinete y un gran ministro; es el ritmo que necesitamos ahora”, dijo.

Son comentarios al pasar. Reconoce las tensiones dentro de un gobierno de coalición. Nunca los comentarios son dichos como diferencias. Sobrevuela.

En charlas más íntimas insiste en que hay que acelerar la gestión y muchas veces la compara con la de ella, que era “más vertiginosa”. Entiende que está la pandemia que complica todo.

Los diálogos de Cristina con la oposición son inexistentes. Tuvieron una reunión de labor parlamentaria (la que congrega a todos los bloques) en diciembre.

A fin de abril hubo otra con los jefes de bloque del Frente de Todos y el de Juntos por el Cambio. Nunca recibió a los bloques minoritarios. “Es la reina. El reglamento está hecho a medida de los demás. No se ajusta a ningún reglamento”, se quejan desde uno de esos bloques, donde también advierten las dificultades internas para poder cumplir su rol como senadores: “De todo lo que pedí no me dieron nada”, protesta una senadora.

En el primer protocolo, Cristina quería que no hubiera nadie en el recinto. Los senadores se quejan de que no hay manera de acceder a ella: por supuesto, en las sesiones está vedado cualquier acercamiento.

Si se quiere hacer alguna gestión para destrabar las posturas de la vice, el camino más sencillo es ir hasta Diputados y hablar con Máximo. Así se resolvieron en el pasado algunas diferencias.

El día que se hizo la primera prueba de las sesiones virtuales, allá en abril, Cristina se acercó al recinto y preguntó qué cámara la iba a tomar. Evaluó cómo sería el plano. Le pareció que estaba muy cerca. Esa era su mayor preocupación. Sabía que desde esa posición haría mucho más que dirigir las sesiones del Senado.

Por A24.com

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